domingo, 29 de abril de 2012

REVUELTAS ÁRABES: LA MANO DE OCCIDENTE



Ya ha transcurrido un año desde el derrocamiento del tunecino Ben Alí, que repercutió como reacción en cadena en gran parte el mundo árabe de manera especial en Egipto, Siria, Libia e Irán.

En el ámbito político-estratégico hay acontecimientos en su momento desapercibidos, cuyo alcance solo se mide transcurrido un tiempo, así mismo hay sucesos que por su impacto inmediato se suelen magnificar y anteceden como efectos globales que por su relevancia y extensión geográfica y temporal generan consecuencias no previsibles, las recientes revueltas árabes entran sin duda alguna y por méritos propios en esta categoría. La revolución en Túnez que tuvo una puntual pero fugaz réplica en Argelia tomó por sorpresa  a muchos en el mundo, se puede decir que incluso al propio gobierno que no esperaba los sucesos e imágenes que conmocionaron al mundo hace un año, el entonces presidente Ben Alí huyendo del país para refugiarse en Arabia Saudita.

Sigue el turno de Egipto, tras el estallido de la revolución, Estados Unidos y sus aliados tenían ya la lección aprendida y no vacilaron en abandonar a su suerte a Hosni Mubarak, quien como en el caso de Ben Alí, nunca había sido reconocido hasta entonces y de manera unánime con el apelativo de dictador. La opinión pública en este lado del mundo en su mayoría se limitaba a lo sumo a perdonarle sus excesos en nombre del antiterrorismo y del estratégico acuerdo con Israel. Para entonces la suerte del mandatario egipcio estaba echada y el uso de la represión contra los manifestantes y sus tardías promesas de reforma fueron su tumba política, mientras, Washington trataba por todos los medios forzar una transición ordenada, promoviendo el posicionamiento de los militares como guardia vigilante del proceso, la bautizada como primavera árabe se extendía entonces como pólvora, y como si se tratara de un efecto domino, los pueblos árabes se van levantando contra sus dirigentes; el quitar o poner figuras políticas ha sido un juego constante para las principales potencias, pero estas ya han aprendido la lección y actúan defendiendo genéricamente las reformas mientras promocionan  unas revueltas y callan de manera cómplice en la represión de otras, todo depende del calculo geopolítico, Yemen y Marruecos revelan la primera opción, por su parte Bahrein donde la revuelta popular en defensa de la democracia  y del final de la opresión contra la mayoría Chií que fue salvajemente reprimida es el perfecto ejemplo de la segunda.

Y es precisamente en este escenario aparece en la palestra Libia, Gadafi, quien pese a su condición de paladín antiimperialista no dudaba en enero pasado ofrecer ayuda (incluso militar) a su amigo Ben Alí (defensor de occidente en el norte de África) no dudaba en reprimir una protesta en Bengasi por el aniversario de la matanza en 1996 de cientos islamistas en la cárcel de Abu Sale, como sucedió con la inmolación del joven tunecino Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010, nada hacia predecir que la represión de esa protesta iba a ser el desencadenante de una revuelta que tuvo su origen y su plaza en la capital de Cirenaica, y que tuvo replicas en otros puntos del país.

Nada o mejor dicho todo lo presagiaba, y tal vez la escasa visión de Gadafi, quien respondió con amenazas como cuando anunció que emularía en Bengasi la entrada triunfal de Franco en Madrid, de exterminio total de las ratas, esto lo aprovecharon las potencias de occidente, que encabezadas por Francia aprovecharon el escenario de revuelta Libia , para así literalmente matar varios pájaros de un solo tiro de un lado ajustaban cuentas con un antiguo enemigo devenido aliado a ultima hora, de otro y a través de una conscientemente larga campaña de bombardeos, distraían la atención de otros escenarios de revueltas problemáticos para sus intereses (Yemen, Bahrein, Arabia Saudí y Jordania), tratando de congratularse con la opinión pública árabe.

La crisis Libia, desconcertó a parte de la izquierda antiimperialista europea, que se dice defensora del régimen siguiendo el adagio de que “los hostigados por mis enemigos son buenos por naturaleza” esta filosofía se vio reforzada con las imágenes del linchamiento público del coronel Gadafi, a la par otra línea vino a mostrar el índice de desarrollo humano en Libia, muy superior indudablemente al de sus vecinos en Egipto y Túnez como prueba de fuego contra la legitimidad de las protestas.

La revuelta en Libia puede que haya surgido de la corrupción y de la convicción de parte de la población de que la riqueza petrolera del país, debía dar para mucho más que para mantener un sistema de clientelismo rentista.

Sigue en orden de aparición Siria e Irán, en Siria y sin dejar de lado la complejidad de la situación (sectarismo creciente por ambos lados, ingerencia extranjera directa y política desinformativa occidental oficial), se manifiesta una población que dice estar cansada de soportar la arbitrariedad de un poder que con el ropaje de arabismo socialista desde hace décadas se ha convertido en un régimen dinástico, se enfrentan en una lucha fraticida con quienes apoyan el gobierno encabezado por Bashar al Assad y como caldo de cultivo aparecen los grupos de rebeldes o insurgentes armados.

Si sale del juego Bashar al Assad las potencias establecerían un consejo de transición (como ya ocurrió en Libia) como único representante del “pueblo sirio” sin importar si tienen verdadero apoyo dentro de Siria, se impondrían sanciones que afecten a las clases media, montarían una campaña mediática para denigrar cualquier esfuerzo sirio de reformas además de crear la división dentro del ejercito y la élites supondría la dimisión de al Assad, al menos es lo que algunos esperan, Siria resulta estratégicamente valiosa y ello lo sabe Irán que ha dicho reaccionará ante cualquier intervención extranjera a Siria.

Afortunadamente, las tácticas en Siria a pesar de la inmensa inversión parecen hasta ahora fracasar, la mayor parte de la población de la zona árabe piensa que si Siria es impulsada aun más hacia un conflicto civil, el resultado será violencia sectaria en el Líbano, en Irak y tal vez más allá. La noción de que un conflicto semejante produzca una democracia estable (muy al estilo occidental) es utopia.

El consejo de oposición en Siria ha sido sorprendido, ya que las estructuras de seguridad sirias han permanecido casi sólidas, tras largos meses de conflicto, las deserciones han sido carentes de importancia y la base de apoyo popular al presidente sirio ésta intacta, solo una intervención extranjera dirigidas por las fuerzas de la OTAN, que se ha convertido en un instrumento de cambio de regimenes podría cambiar esa ecuación.

La mayoría de los sirios, se oponen a la intervención extranjera por temor a un conflicto civil mayor, por lo tanto los sirios enfrentan un prolongado periodo de insurgencia montada en el extranjero. En éste escenario surge la mediación de la liga árabe que a pesar de poder interpretarse como un aspecto positivo se evidencian cosas que lo empañan, pues Qatar es aliado de Estados Uunidos y el consejo de oposición sirio demanda ahora la internacionalización del conflicto, en Siria es tan compleja la coyuntura actual, ya que la población ésta sectorizada en minorías incluso de carácter político (a diferencia de Libia donde había un solo hombre fuerte: Gadafi), en Siria hay un ejercito fuerte y hasta ahora fiel al gobierno y una población con un sentimiento nacional muy arraigado.

La crisis generada en Siria persigue objetivos claros, pues este país ha formado parte del llamado eje antiimperialista conformado por Irán, Hizboláh y las fuerzas patrióticas en Líbano, el gobierno sirio, con todo y sus desaciertos ha sido durante mucho tiempo centro del nacionalismo y la resistencia árabe contra los planes hegemónicos de Estados Unidos e Israel, por ello ha sido blanco de ataque por parte de éstos y sus aliados de occidente en la región. Las potencias pretenden imponer en Damasco un gobierno títere pro occidental, como el que nombraron en Libia, para después ir por el Líbano y finalmente en condiciones de mayor aislamiento regional lanzarse contra Irán para así consumar el plan del gran oriente medio occidentalizado.

La mayoría del pueblo sirio no quiere convertirse en lacayos de Estados Unidos o de Arabia Saudita, aunque es evidente que reclaman cambios importantes en el sistema y así lo están haciendo saber al mundo, el gobierno parece estar dispuesto a producir estos cambios y ya ésta adoptando medidas para ello.

Finalmente y para completar el mosaico, aumenta la presión por la controversia sobre Irán, el gobierno iraní ya ha acusado a Israel de ser responsable del asesinato de Mostafa Ahmadi Roshan (el científico nuclear iraní asesinado en Teherán a principios de enero) y además anunció que eso no detendrá su programa nuclear. Éste asesinato se produce en el momento de mayor tensión entre Washington y Teherán por el programa nuclear iraní, amenazado Irán con un aumento de las sanciones económicas por parte de estados unidos, Irán ha declarado que podría responder mediante el cierre del estrecho de Ormuz, lo que originó el movimiento de la armada estadounidense y su grupo de portaviones de la quinta flota al golfo pérsico.

Mientras tanto, Irán realizó un ejercicio naval( denominado supremacía 90), entre el 24 de diciembre del 2011 al 02 de enero del 2012, el juego de guerra cubrió una vasta área desde el golfo pérsico y el golfo de Omán al golfo de Adén y el mar arábigo, la escala del ejercicio sirvió para demostrar la preparación de Irán de involucrase en una guerra naval fuera del Golfo Pérsico, además la armada iraní probo sus nuevos  misiles de largo alcance demostrando su capacidad de alcanzar bases de estados unidos en el golfo , Israel y sus aliados en la zona, en este panorama tenso la unión europea declaró su intensión de prohibir las importaciones de crudo a Irán , a lo que el gobierno iraní replicó con el cierre del estrecho de Ormuz.

La actitud de ciertos poderosos protagonistas regionales y globales como Rusia, China, Turquía (más proclives a ser moderados y apelar a la diplomacia), sugiere que sería mas prudente que Washington siguiera su línea moderada y recurriera a nuevos esfuerzos diplomáticos frente a Irán en lugar de entrar en más conflictos en la zona cuyo final puede se extremadamente impredecible.


León León Carmen.

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